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sábado, 11 de agosto de 2007

Un cuento para empezar

Santa Bernardina del Monte

Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la hora cero del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día venticuatro. De este modo, la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.
Cuando llegó el momento –la hora cero del día veinticinco– la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces –volvieron a ser– las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la hora cero del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la hora cero del día veinticinco. [...]
Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado [...] [y] diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos”.

Leo Maslíah, 1990 (fragmento).

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